Marcial Montalvo, el maestro artesano premiado por vida y obra a portadores del patrimonio

             

Los premios nacionales son la máxima distinción que otorga el Ministerio de Cultura como reconocimiento a la obra, labor, trayectoria, dedicación, procesos y aportes realizados por artistas, creadores, investigadores y gestores.

Después de un proceso de evaluación de 28 postulaciones, el jurado definió como ganador de este mérito a Marcial Antonio Montalvo nacido en Tuchín, un territorio zenú vinculado al origen mismo del sombrero vueltiao. Por primera vez este reconocimiento es otorgado a un maestro artesano, quien además de contar con más de 50 años de experiencia en el arte, ha impulsado la transmisión de este saber a los artesanos de su región.

El sombrero vueltiao es originario de las sabanas de Córdoba y Sucre, una artesanía con la que el pueblo Zenú ha contribuido al acervo cultural del país. Un producto tan apetecido que hasta la industria china ha intentado imitar. En Colombia, son familias enteras las que lo elaboran bajo los árboles de los patios traseros de sus casas.

Marcial Montalvo, dicta talleres o charlas donde comenta y da recomendaciones para identificar un buen sombrero vueltiao.

            

Un sombrero fino vueltiao puede tardar entre 10 días y un mes para su elaboración y varias personas pueden intervenir en el proceso. En el pueblo de Tuchín, Córdoba, la mayoría de su población vive del trabajo con la caña flecha, la materia prima de este. Unos se encargan de raspar la planta, que compran luego las familias para tejer las trenzas y finalmente ensamblar el sombrero en la máquina de coser.

La calidad del sombrero se mide por el número de vueltas, siendo el de 15 el más común y de fibra más rústica y el de 31 el más fino. Pero el maestro Montalvo advierte que no hay una seña o número de líneas tejidas que se puedan contar, pues a lo que hacen referencia estos números es a los pares de fibras utilizados en la trenza.

“Algunas personas dicen, “yo quiero un 21”, y comienzan a contar, y cometen el error, tanto el vendedor como el comprador”, dice Marcial.

Lo que recomienda es tocar las trenzas y notar su textura y grosor. Un sombrero más fino (21, 27 o 31) se siente más suave y flexible. Igualmente, la fibra utilizada es más fina, lo que lo hace más liviano.

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