Sexalescentes, la generación de los jubilados que no son viejos

                  

Hace dos generaciones las personas con más de 60 años eran ancianos. Hoy puede decirse que son ‘sexalescentes’.

En 1960, la esperanza de vida en Colombia era de 57,6 años, y hoy es de 77,3; la edad de jubilación en 1960 era de 60 años para los hombres y 55 para las mujeres, y hoy de 62 y 57. La esperanza de vida ha aumentado 20 años en los últimos 60 años, y la de edad de jubilación solamente dos. Hoy hay más jubilados, que viven más tiempo en esa condición.

Demográficamente esto es novedoso como la aparición, en su momento, del término ‘adolescente’, que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del Siglo XX para denominar a los que anteriormente eran considerados unos ‘niños grandes’.

La ‘sexalescencia’ comprende a los adultos con una edad de 60, 70 y más años. Su manera de ser y su actitud es firme, constante, resuelta, llena de energía y vigor frente a la vida y sus contingencias. No piensan ni remotamente en la muerte. Han eliminado de su vocabulario las palabras ‘sexagenario‘ o ‘tercera edad’  porque, sencillamente, no tienen entre sus planes la posibilidad  de volverse un viejo abuelo o abuela.

Quizás lo que más desean es vivir en libertad y dependiendo de sus propias fuerzas, en su probablemente tranquila economía personal, y alcanzar todas las metas que aún siguen planificando. Un ‘sexalescente’ típico se mantiene actualizado en las nuevas tecnologías, siente gran satisfacción por sentirse productivo, trabaja y puede que busque desarrollarse en aquellas áreas con la que siempre soñó.

Quizás, este adulto ya pensionado busque una nueva forma de trabajar, en labores amables altamente satisfactorias, remuneradas o no. La ‘remuneración emocional’ cuenta. Desarrollar un trabajo profesional competitivo remunerado, o unirse a voluntariados, o involucrarse en actividades grupales de educación, o darles rienda suelta a los sueños postergados, son opciones sobre la mesa. “Lo más importante es que el trabajo no plantee demasiadas exigencias físicas y haya una reducción en la intensidad horaria”, dice el Informe Mundial sobre el Envejecimiento y la Salud de la OMS.

Las personas y las empresas tienen la “obligación” de planear esta transición, y adoptar programas de preparación a la jubilación donde el foco principal sea la exploración de las mejores opciones para desarrollar una vida activa como persona jubilada.  Dejar de trabajar, además, puede afectar seriamente la salud. Dawn C. Carr, del Centro de la Longevidad de Stanford, Estados Unidos, dice que “se ha observado que hay una disminución impresionante en el rendimiento cognitivo, que va de la mano con la jubilación, porque cuando dejamos de participar en tareas complejas, el cerebro se empieza a dañar”.

El nuevo jubilado probablemente no tenga que inventarse nada nuevo, en realidad, sino armar una buena propuesta para el entorno basada en los conocimientos, habilidades y experiencias de una vida de trabajo, empacada ahora de manera diferente. Prepararse a tiempo puede hacer que esta última etapa de la vida sea lo que debe ser: un verdadero júbilo.

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