El atractivo de un hostal suspendido en una montaña

                

Un hostal anclado en un cerro a 20 metros del suelo, se ha convertido en una llamativa atracción para aventureros de todas partes del mundo. Escalada, hamacas en el aire, malla suspendida y péndulo son algunas de las actividades que se pueden realizar en La Casa en el Aire.

Éste hospedaje hecho en madera es ideal para los amantes de las emociones al aire libre y la adrenalina. La única forma de llegar es luego de un trayecto que incluye una caminata de un kilómetro hasta la vereda La Peña, en el municipio de Abejorral (Antioquia), pasando por un cable de canopy de 400 metros hasta la base del cerro San Vicente, para rematar escalando 20 metros. Pero antes de llegar hasta ese punto recorramos un poco su historia y la de su creador.

Al cumplir 22 años, Nilton López conoció a través de amigos la escalada y, a modo de reto, se le midió a este deporte del que pronto se volvería aficionado gracias a la seguridad y diversión que le proporciona. Pronto, lo que era un hobby se convirtió en disciplina. Al punto de ocupar los primeros lugares en campeonatos y programar viajes sólo para trepar por lugares tan inverosímiles como la Mesa de los Santos y El Peñol, municipios como Maceo y Suesca, e incluso fuera del país, en Argentina y Ecuador.

Con el sueño desde niño de construir una casa en el árbol, su meta se hizo realidad cuando, con la ayuda de un amigo, logró adquirir un terreno al lado del cerro San Vicente, en el municipio de Abejorral, su proyecto fue más allá y levantó una casa prácticamente en el aire. FOTOS.

Con el terreno, la madera y el acero listos, sólo fue necesario armar una buena maqueta y publicar una solicitud de voluntarios por Facebook a la que atendieron 22 personas. Luego de un mes de obra abrió sus puertas en diciembre de 2012. La Casa en el Aire, a dos horas y media de Medellín, tiene capacidad para diez personas, con agua potable, cocina, muebles, camas, baño con ducha y tina, una terraza perfecta para hacer asados y un balcón con vista a los atardeceres que sólo el valle del río Buey, con sus montañas y cascadas, puede entregar. VIDEO.

Aunque suena atractivo, las verdaderas protagonistas son las hamacas que cuelgan de un cable de acero a 35 metros de altura para descansar mientras se pone el sol. Otros planes para quienes disfrutan las actividades extremas incluyen el péndulo, que consiste en saltar al vacío desde el balcón de la casa, sujeto de arneses y cuerdas, y hacer rappel desde la cima del cerro, a 550 metros de altura, hasta el aerohostal, con una parada en la mitad del trayecto para hacer un picnic y entregarse a la naturaleza.  

 

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